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¿Quién es Vivian Maier?

¿Quién es Vivian Maier?

¿Quién es Vivian Maier?

En el año 2007, un muchacho de 27 años compró en una subasta por poco menos de 400 dólares, una caja con negativos, simplemente porque observó que contenía imágenes callejeras que podían serle útil para el libro que estaba escribiendo sobre la historia de Chicago NW Side, titulado Portage Park. Esa caja provenía de un almacén guardamuebles del que habían dejado de pagar el alquiler.

John Maloof, así es su nombre, desechó las imágenes para su libro y decidió revelar parte del material para revenderlo por internet. Al observar las imágenes en internet el crítico e historiador Allan Sekula, se contacta con él a los efectos de evitar que siga dispersando el material, al que considera prodigioso y lleno de talento. Fue entonces cuando se dio cuenta de lo que había adquirido y decidió investigar quien era esta mujer que tenía una obra excelente pero que era totalmente desconocida.

La búsqueda se inicia en Google, sin encontrar resultados. Luego busca y se contacta con quienes habían realizado la compra de material similar al que él había  adquirido en la subasta, comprándoles todo lo que se relacionaba con Vivian Maier.

Su vida deja grandes intrigas, pero también muchísima información en sus bienes. Dejó más de cien mil negativos fotográficos tomados a lo largo de más de cuarenta años y no revelados nunca. Dejó películas en super 8, cintas magnetofónicas de conversaciones con desconocidos, docenas de sombreros, pares de zapatos, vestidos, abrigos, prendas de ropa que solo descartaba cuando estaban muy gastadas pero que no tiraba nunca; dejó facturas, recibos, billetes de tren, entradas de cine, tubos de rollo de película que contenían dientes de leche de los niños a los que había cuidado o monedas o botones o chapas con consignas políticas; dejó cartas guardadas con cuidado en sus sobres de origen después de leídas, y cartas no abiertas nunca; dejó varias cámaras Rolleiflex que había usado para tomar sus fotografías; dejó sobre todo cajas de cartón y maletas llenas de recortes de periódicos y de periódicos enteros, sobre todo ejemplares que tuvieran en la primera página titulares de crímenes, o que contuvieran noticias de violaciones, de raptos, de asesinatos estrambóticos, de desgracias horrendas. Dejó recuerdos variados y contradictorios en las familias para las que había trabajado como cuidadora de niños durante unos cuarenta años, en Nueva York y sobre todo en Chicago. Se conformaba con salarios muy bajos, pero en cada casa en la que servía reclamaba el derecho a poner un candado en la puerta de su habitación. Parecía no tener familia y carecer por completo de otra vida que no fuera la que dedicaba a su trabajo. Siempre salía llevando al cuello su cámara de fotos, que era un rasgo de su presencia personal tan invariable como sus grandes abrigos o gabardinas, sus sombreros de alas caídas, sus camisas masculinas, sus faldas como de monja de paisano, sus zapatos negros y austeros de tacón bajo. Todos los dueños de las casas en las que vivió y todos los niños a los que cuidó la vieron siempre con la cámara, pero nadie mostró jamás la menor curiosidad por saber lo que hacía con ella. Tampoco ella hizo, que se sepa, el menor esfuerzo por mostrar el resultado de una tarea en la que ponía los cinco sentidos, que llenaba sus horas de caminatas solitarias por la ciudad en sus días o tardes libres y de la que seguía ocupándose incluso cuando sacaba a pasear a los niños a su cargo. El secreto de Vivian Maier es doble, porque no se sabe qué la impulsaba a tomar fotos sin cesar ni cuál fue su formación, pero tampoco se sabe por qué eligió mantener secreta una afición que le importaba tanto y para la que tenía tanto talento. En los cajones de papeles y de toda clase de materiales que acumuló Vivian Maier a lo largo de su vida no hay ni un solo testimonio, ni una carta, ni una reflexión, ni un solo indicio de sus ideas sobre la fotografía. Llegó a imprimir solo unos pocos negativos, probablemente por falta de dinero. Se jubiló ya mayor y dejó casi todo lo que había acumulado a lo largo de la vida en cuartos trasteros o garajes de sus antiguos patronos.

El documental “En Busca de Vivian Maier” descubre los tesoros de esta fotógrafa infatigable dedicada al cuidado de niños.

En esta historia, John Maloof convierte a Vivian Maier en una de las mejores fotógrafas callejeras del siglo XX, sin que ella jamás lo supiera.

En nuestros talleres de Blanco y Negro, los participantes tuvieron como consigna estudiar a Vivian Maier, su fotografía, el manejo de la luz, modo de captura, debiendo presentar imágenes que emularan su obra. Las mismas fueron impresas y evaluadas entre todos, obteniendo resultados sorprendentes que queremos compartir con Uds. en Emulando a Vivian Maier en nuestras Galerías de Autor.

Fuentes de información, Wikipedia y suplemento cultura El Pais.

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